Presentemos la madre de todas las batallas:
De inmediato pasamos a observar qué sucede con los salarios reales, es decir, qué hace la inflación que aplica en España con el salario neto que cobramos:
¿crecimientos producidos en las nóminas de los ciudadanos españoles?: ¡¡¡ ningún crecimiento!!!, bajan realmente casi un 20% sobre los que existían en 1995, ¡¡¡hace 30 años!!!
Dinamarca, Noruega, Suecia... que partían a inicios de los 2000 con altos porcentajes de cargas fiscales sobre el trabajo, a partir del 2008 todos han comenzado a bajar costes. ¿Todos? No. España los viene subiendo con esa ceguera ideológica de largo alcance y ya estamos en segunda posición con un estupendo 41,44 %, clavado a los datos de Carlos Arenas. Los USA no llegan al 29,98 %... con lo cual no tienen paro y todos cotizan, pagan impuestos, se ganan su salario, no dependen del gobierno...
¿Y la productividad? ese concepto, el más importante de la estructura laboral de una Nación moderna: pese a la complacencia y el autobombo con el que se mira este rancio progresismo socialista y decimonónica izquierda, DEFENSA DE LO PÚBLICO deviene en el viejo corsé profundamente conservador que en lugar de dinamizar el mercado laboral para que la gente trabaje, se mueva, gane dinero, ahorre y compre su vivienda -capitalismo, guey- lo que genera es exactamente lo contrario: una legislación antieconómica cuyos altísimos costes en los puestos de trabajo condena toda la formación recibida a ser remunerada con salarios ínfimos. Los que pueden marcharse, se van.
Líneas de productividad y costes laborales en una economía sana tendrían que moverse siempre superando costes. Con semejante disparidad demuestra que el crecimiento se está originando en cantidad y no en calidad: se han incorporan al mercado de trabajo desde la inmigración y lo hacen muy mayoritariamente hacia puestos de trabajo de baja o de muy baja cualificación. Aumentamos trabajadores y no hay un gramo de eficiencia: el empleo puede crecer así más deprisa que el PIB y el valor relativo que aporta cada trabajador disminuye a la vez que lo hace el valor relativo del PIB per cápita.
DEFENSA DE LO PUBLICO, tal que un facultativo tronado que receta siempre lo mismo sea cual sea lo que tiene delante, gasto, no desarrolla modelo alguno para hacer crecer la productividad, esa escalera hacia arriba por donde suben primero los que menos tienen -véase la Argentina actual-, reducción de costes regulatorios en primer lugar y desde ahí limpiar de maleza, broza y maraña la mejor y más grande finca del país, el mercado laboral, corazón de la riqueza o decadencia de la Nación. Los hechos demuestran cómo nos quedamos atrás, como tanto en la sociedad española como en la renta personal de sus ciudadanos, ejercicio tras ejercicio, se despeña el poder adquisitivo y su capacidad de ahorro e inversión requisados por esta ignorante burocracia política hasta arriba de vetusta ideología.