Ventana indiscreta: Haciendo camino

11 de septiembre 2025

José Antonio Gómez Novoa ofrece en este artículo sus impresiones y experiencias con los sistemas de alquiler de viviendas y espacios vacacionales que están proliferando

La primera parte de esta historia, surge cuando en una etapa del camino del Santiago nuestros amigos, reservan una habitación con baño por un precio de 120 euros en un pueblo de no más de 9000 y al presentarse en el lugar comprueban que nadie les espera, sino que tienen que ponerse en contacto telefónico con una persona que les indica que deben introducir todos sus datos en la plataforma para después proceder a la apertura del portal. Esto se produce durante más de 10 minutos mientras entran y salen más vecinos del edificio. Una vez ya en el pasillo de acceso al piso hay que introducir un código para coger una llave que les permite entrar en una de las 4 habitaciones de una vivienda con un baño compartido.

Es un ejemplo de otros muchos de cómo determinadas personas, fondos, empresarios se aprovechan de una situación que los políticos lejos están de resolver. Amparados por varias plataformas de alquileres vacacionales que incluso ofertan caravanas averiadas como: “Una escapada encantadora ubicada en el tranquilo pueblo de… todo por la módica cantidad de 55,03 euros día. Una ganga y a mayores es ecológica con un baño con ducha separado.

La segunda parte, tiene que ver con un sueño que tuve ayer noche. Después de varias jornadas de camino, voy con 5 amigos ya con mucha fatiga acumulada, algunos con ampollas en los pies, el más fuerte cae al suelo víctima del calor del mediodía, Decidimos hacer una parada obligatoria en el lugar más cercano. Nos ofrecen una habitación de menos de 3 metros cuadrados con un sofá reclinable y, eso sí con un wáter a los pies para evitar “males mayores”. Nos piden 40 euros por persona y habitación, protestamos airados y conseguimos que nos bajen a 30. Allí me encuentro, con el inodoro de apoyo y despierto asustado.

Conviene recordar que hay muchas personas que gestionan albergues, hoteles, pensiones, casas de turismo rural, etc., que hacen las cosas bien, ajustando precios, buscando el mejor servicio para los clientes, pero debemos poner límites al uso y al abuso de los alquileres vacacionales. En un mundo de algoritmos, satélites y tecnologías que controlan todo, que fácil sería abordar éste problema e indirectamente dar grandes pasos en el inframundo de la burbuja inmobiliaria.