Ha llegado el mes de septiembre con la transición de verano a otoño, y los que somos seteros aprovechamos las últimas lluvias para ir en busca del preciado manjar. Allá vamos con nuestra cesta y provistos de la navaja de Taramundi que nos permite recolectar con precisión y proceder a la limpieza del hongo al instante.
Buscamos la línea de árboles autóctonos. Ya se empiezan a notar los tonos verdes. Entre castaños, un miembro del grupo tiene la ocurrencia de varear uno de ellos, cuestión que no sería un problema para cualquier ciudadano, pero yo que soy un pupas hecho y derecho (historial que me delata) recibo el impacto de un erizo verde con largas espinas en el cuero cabelludo que ante la ausencia de pelo deja unos puntos rojos que al verlos mi señora dice que me da un aire a Gorbachov.
Abandonamos los castañares y nos acercamos al lugar donde abundan los robles y los pinos. Por cierto, cada vez aquí en Pontevedra más minoritarios por el uso extensivo el eucalipto para la industria papelera, es decir, para la autoproclamada “biofábrica” de Ence. Que manía con suavizar las palabras o expresiones para no llamar a las cosas por su nombre utilizando eufemismos.
Aún más grave es evitar nombrar una realidad para manipular la verdad. Hay muchos ejemplos, pero las últimas declaraciones sobre el genocidio en Gaza de Aznar insultan la inteligencia: “Pero sí Israel pierde lo que está haciendo…”. ¿Qué clase de hongo alucinógeno habrá tomado este hombre para decir las barbaridades que dice?.
Parece que los árboles no me dejan ver el bosque, y he perdido la perspectiva. A lo lejos contemplamos varias familias de erythropus y edulis que nos sirven para llenar una pequeña cesta de no más de 2 kilos para autoconsumo. Hay que dejar siempre para los demás y volver otro día a seguir disfrutando de la naturaleza.
Si alguien me pregunta dónde está la felicidad, pues ahí, en esas pequeñas cosas, en el paseo por el bosque, en una comida con amigos de la infancia en la que te recuerdan historias que tú has olvidado, en el tiempo de calidad que vives con tú familia, en definitiva, en lo que realmente importa.