Algunas de nosotras hemos vivido amores intensos e inolvidables. De esos que te dejan marcada, con una canción de desamor que aún te duele. Nos transportamos a momentos del pasado donde éramos felices con cosas muy simples. Otras terminamos relaciones porque la magia se va. Ya no es lo mismo. Nos molesta hasta la forma en que esa persona respira.
Entonces comienzan a llegar a nuestras vidas amores menos intensos, pero tolerables. Personas que llenan el checklist de lo aceptable. No hay banderas rojas. Son buenas personas. El problema es que aprendemos a conformarnos con eso, porque le huimos a lo complicado.
¿Cuántas están hoy en una relación que no les hierve la sangre ni les quita el sueño?
Seamos honestas:
Es posible que sepas que nunca podrás amarle como "se supone". No como en las películas. No con esa locura que te hacía sentir viva. Dejaste de amar con el corazón y entraste en una etapa donde eliges con la cabeza. Evitas los celos, el miedo, el drama. Puedes estar tranquila mientras él no está, sin ansiedad ni desesperanza. Pero tampoco hay pasión.
Y no es que eso esté mal.
Es más cómodo. Más fácil de encajar en la rutina. Menos complicado. Pero, al final… en el fondo…añoras eso que ya no tienes. Te vives los romances de las series y películas, porque en ellos aún late lo que creíste que habías superado.
Decir "te amo" se ha vuelto como llenar un espacio en blanco. Sale de forma automática. Pero… ¿realmente lo sientes? Ya lo decía la canción: amar y querer no es lo mismo. Y sí, el significado entre uno y otro está muy, muy lejos.
No voy a criticarlo —creo que hasta lo entiendo.
¿Es conformismo? Tal vez. ¿Comodidad emocional? Quizás. Podemos pasar una vida al lado de la persona perfecta… pero equivocada. Porque somos animales de costumbre, y tarde o temprano la costumbre pesa más que cualquier otra cosa. El cariño se vuelve apego.
"Te quiero mucho. Eres una buena persona. Eres muy bueno conmigo. Eres respetuoso, amable. Gracias por siempre estar ahí para mí." Bla, bla, bla… eso se lo podemos decir a cualquiera. Al vecino, al amigo, al plomero… whatever.
Pero cuando dices:
"Te amo. Te extraño. Te deseo con locura. Quiero más de ti. Te admiro tanto. Quiero que me ames, que me hagas tuya…" Mmm… suena diferente, ¿verdad?
Hay que ser muy valiente para distinguir una cosa de la otra. Y aún más valiente para cuestionarte a ti misma si eso que tienes es realmente lo que quieres. Porque, al final, ¿quién quiere herir a una buena persona?
¿Cómo decir que ya no hay chispa sin romper en pedazos a alguien que no lo merece? No lo hacemos… porque también nos duele. Así que aprendemos a balancear, a hacer comparaciones mentales, a convencernos de que todo está bien.
Y sí, la paz no es negociable. Para muchas, un amor apasionado es sinónimo de caos, de celos, de drama. Y no queremos eso. Entonces continuamos, un día tras otro, conformándonos con eso que parece amor, que suena como amor…pero que, en el fondo, tal vez no lo es. Tal vez no es el amor que una vez soñaste sentir.
Cuéntame. Quiero saber tu experiencia. Tal vez sea muy parecida a la de otras mujeres maravillosas como tú.