27 días: Guadalajara: Un Viaje al Alma

29 de xuño 2025

Guadalajara es un reflejo de mí. Está llena de cultura, arte, colores, vida y espiritualidad. Me enamoré de sus iglesias, de su historia, de sus calles vibrantes, de su gente cálida y del orgullo que brota en cada rincón de su cultura

He tenido la oportunidad de viajar dentro de un viaje. Sí, nunca imaginé que un simple recorrido a Guadalajara se convertiría en una travesía de transformación personal. Tal vez algunos lo comprendan, otros no, y está bien. No compartiré muchos detalles sobre mi experiencia, pero quiero hablarte de esas cosas que no planeamos, esas que son orquestadas por algo más grande que nosotros mismos.

Guadalajara es un reflejo de mí. Está llena de cultura, arte, colores, vida y espiritualidad. Me enamoré de sus iglesias, de su historia, de sus calles vibrantes, de su gente cálida y del orgullo que brota en cada rincón de su cultura. Entre todas las experiencias, conocí a una monja en una iglesia cerca del hotel donde me hospedé. Aquella iglesia apareció como si me hubiera estado esperando, y mi encuentro con ella fue profundamente especial. Agradezco a esa monja cuya sonrisa me regaló la certeza de que todo estará bien. Su sencillez me hizo reflexionar sobre lo pesado que cargamos a veces nuestro equipaje emocional, cuando en realidad necesitamos tan poco para estar en paz.

La vida tiene una manera curiosa de ajustarnos, movernos y colocarnos justo donde debemos estar. Aunque muchas veces no entendemos por qué, nos frustramos o cuestionamos los propósitos detrás de esos cambios. Sin embargo, aprender a soltar y fluir es clave. No te hablo de dejarte llevar a mi manera, sino de descubrir la tuya, de buscarte y encontrarte.

Para ser honesta, este no era el momento "perfecto" para visitar México, pero me permití fluir. Ahora entiendo que este viaje no solo era necesario, sino transformador. Aprendí que conectar contigo misma requiere soltar la necesidad de controlar cada detalle, y en esa libertad surgen las experiencias que te expanden y te hacen crecer.

Para mí, este ha sido un viaje de fe, esperanza y renacimiento. Me encontré en los colores de un lugar al que no pertenezco pero donde me sentí divina, cómoda y bienvenida. Cerré los ojos y viví en el presente, algo que hacía tiempo no lograba. Sin opciones para cambiar el rumbo, acepté y abracé el momento, y eso me transformó. Ahora regreso a casa siendo una mujer con una mirada renovada, lista para crear fuera de la caja, confiada y libre. Vulnerable, sí, pero también madura para aceptar y fluir.

En este proceso, he observado a tantas personas queriendo imponer "la fórmula correcta" para la vida, el éxito, los negocios, o incluso la familia. Ofrecen cursos, consejos y soluciones, creyendo que su manera es la única válida. Pero qué forma tan limitada de vivir. Algunas cosas no se pueden enseñar, solo se sienten y se viven. Cada historia es única, y solo tú puedes escribir la tuya sin obsesionarte con la perfección.

Ahora, mientras estoy en un avión rumbo a Ciudad de México, rodeada de nubes que parecen conocerme y guiarme suavemente, miro por la ventana y veo algodones brillantes flotando en un azul profundo. Estoy lista para otra experiencia, abierta a las sorpresas que la vida, los ángeles, los santos, mis guías espirituales, Jesús, Dios y el Espíritu Santo me tienen reservadas.

Este vuelo es corto, me lleva a Ciudad Mexico, pero suficiente para tomar una pausa, reflexionar y escribir. Estoy rodeada de desconocidos que, sin saberlo, también forman parte de mi historia.

Te dejo con este pensamiento que me ha acompañado siempre: "No te detengas demasiado tiempo en las cosas malas, para que las buenas puedan encontrarte y suceder."