Los lobos son criaturas muy misteriosas, orientadas a la familia, que viven en grupos muy unidos, donde los familiares de dichas manadas siempre son lo primero.
Dentro de las curiosidades de estos seres, cabe destacar que nunca se alimentan de cadáveres. A diferencia de otros animales, jamás verás a un lobo siendo amaestrado en un circo; ellos son leales, nunca se aparean con su madre o con su hermana. Cuando eligen una pareja lo hacen para toda la vida y si uno de los dos fallece, el otro guarda luto por al menos tres meses. Los lobos son justos: son los únicos animales que honran a sus padres en la vejez, cuando estos no pueden seguir el ritmo de la manada, los jóvenes cazan por ellos y los alimentan y cuidan en lugar de abandonarlos.
Y hablando sobre "aullidos" y sobre el valor de la familia, comentar que el pasado día 9 de agosto se vivió un emocionante, histórico y destacable encuentro en Loira, Seixo (Marín) por parte de 62 miembros -acaso clan al más puro estilo escocés- de la familia Lobeira (personas llegadas desde el País Vasco, Canarias, México y diversos puntos de Galicia).
Aparte de presentársenos esta cita como una reunión familiar y un encuentro entre personas de numerosos lugares del mundo, el eje fundamental de dicha reunión giró en torno a la merecida consideración de sus antepasados, quienes lucharon en pro de la libertad y de la democracia, algo que los llevó a ser severamente represaliados por parte de la dictadura franquista.
Por la mañana, los actos de recuerdo se iniciaron con la inauguración de una placa conmemorativa en la fachada de la casa donde se criaron los hermanos Lobeira (Montecelo-Loira). Aquí, en este punto inicial y concluyente, es donde aparece a modo de flash en mi memoria la frase de Bertolt Brecht, "desgraciado el país que necesita héroes"; a lo que yo añadiría, con permiso del gran maestro Brecht: desgraciado el país que no perdona, que no recapacita, que no enmienda sus errores y no conmemora de manera ilusionante a la gente buena que le da sentido al sinsentido de las injusticias, sin importar la forma en que se nos presenten estas.
La historia de los Lobeira es una historia de arrojo, lucha y libertad -individual y colectiva-, dignas de ser mencionadas en varias películas "basadas en hechos reales" y que, si me lo permiten, nada tendrían que envidiar a "La lista de Schindler", de Steven Spielberg:
Gerardo Lobeira Rodríguez combatió contra el franquismo en la defensa de Bilbao, secuestró un pesquero para huir a Francia, y siguió luchando como carabinero del mar en Cataluña. Tras ser prisionero en campos de concentración en el sur de Francia, se unió a la Resistencia Francesa contra la ocupación nazi, donde encontró la muerte en agosto de 1944, siendo declarado héroe nacional de Francia.
Manuel Lobeira Rodríguez se alistó en la Marina de Guerra Vasca, sobrevivió a bombardeos y fue condecorado por su valor por el Gobierno de la República. Tras exiliarse con la flota republicana en el norte de África, escapó de campos de concentración en Túnez y Argelia para participar en el servicio aliado de espionaje contra la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, pudo reconstruir su vida como refugiado político en México, sin poder regresar a Galicia hasta 1977.
Antonio Lobeira Rodríguez, también en la Marina de Guerra Vasca, participó en operaciones de tráfico de armas en Bélgica y murió en combate en la batalla del Segre en noviembre de 1938. Sus restos descansan en una fosa común en Cervera (Lleida), a la espera de su exhumación y retorno a Galicia.
José Lobeira Rodríguez, tras luchar en la Marina de Guerra Vasca y participar en evacuaciones de refugiados, estuvo preso en campos de concentración en Francia antes de regresar a Galicia muchos años después.
Consuelo Lobeira Rodríguez, una "niña de la guerra", fue evacuada del País Vasco tras el bombardeo de Gernika y pasó años como refugiada en Francia antes de retornar a Galicia.
Los padres del clan Lobeira, Manuel Lobeira y Laureana Rodríguez, junto al resto de sus hijos (Amalia, Fernando, Benito y Ángela), padecieron incesantemente las consecuencias de la persecución y estigmatización franquista en Loira.
Sin embargo, la historia de los Lobeira va mucho más allá de los hechos y personas anteriormente citados y las averiguaciones sobre otros miembros de la familia y sucesos acaecidos siguen siendo investigados actualmente.
Hace ya varios años, cuando conocí alguna de estas historias increíbles y repletas de heroísmo, reconozco que me quedé enormemente asombrado; con el tiempo, no daba crédito de que estos hechos no hubieran salido a la luz y no tuvieran una repercusión mayor de la que están teniendo en estos momentos. Acaso sea que en este país se entierra fácilmente a los héroes, o tal vez sea que dejar a un lado los pilares básicos del Estado del Bienestar en el que -supuestamente- vivimos logre que no rememoremos nuestras raíces.
Sea como fuere, mi enhorabuena y mis respetos a todos esos hombres y mujeres que intentaron -y aún intentan- hacer lo justo le pese a quien le pese, tanto ahora como en el pasado… Porque, maldito el país que, llegado el momento, necesite una vez más de héroes.