A veces me duele el manguito rotador. Es un incordio, más que un dolor. Algo que molesta y te recuerda lo vulnerable que eres, como si no se diese cuenta de que tú te sientes vulnerable por sistema. Por existir, basicamente. Como cuando te levantas cada mañana y te enteras de que Estados Unidos ha decidido invadir un país distinto al señalado el día anterior. Es agotador. Todo porque al señor rubio le ha salido bien una operación delictiva en un país extranjero y se ha venido arriba y se cree el rey del mambo y ahora le falta tiempo para repartir más mambo a diestra y sobre todo a siniestra. Dicen que el plan es proclamarse rey en Lationoamérica, cualquier cosa que sea Latinoamérica (que no está muy claro como no lo ha estado nunca, pero menos ahora).
El tema ya viene torcido por el mero hecho de tener manguito rotador, que cuando lo piensas se te pone cara de seat leon, que es el coche que uno gasta. Pero nada que ver con los vehículos a motor: en efecto, el manguito rotador es un grupo de cuatro músculos, con sus tendones, que rodean la articulacción del hombro. Son imprescindibles para estabilizar el brazo y permitir sus movimientos en toda las direcciones: desde asestar un sopapo, como el que se merece el tumor de Nueva York, hasta dibujar un corazón sobre el vaho que cubre el cristal de una ventana. No somos nadie si no tenemos en condiciones el manguito rotador y muy poca cosa aunque así sea si cada día tu país se puede ver en la lista de objetivos militares del norteamericano. ¿Quién eres tú, sino un pequeño país de una Unión Europea que parece un niñito de pantalón corto que está siempre preguntando dónde está el cuarto de baño, que se está cagando de miedo?
Y todo estaría menos patas arriba si la abdución del señor que deshonraba su apellido diciendo que hablaba con pajaritos no le hubiese salido redonda a sus huevos cuadrados. El rubio dijo nosequé del narcotráfico pero luego no hablaba nada más que del petróleo, de los intereses imperialistas no dijo nada porque quería dejar claro que todo era por el oro negro (cuando a mi manguito rotador le da por pensar que eso eso es algo que compensará tan largo plazo que él ya no estará al frente cuando suceda). De modo que ahora de lo que se trata es de reinar desde Goenlandia a la Tierra del Fuego y, a poder ser, que te envuelvan el paquete con el premio Nobel de la Paz. Por qué conformarse con someter a la gente si además puedes humillarla.
Por esto es que he trazado una estrategia. Cada vez que veo zanahorias o sale el careto de Trump en las noticias, me pongo a pensar en lo mucho que me molesta ultimamente el manguito rotador y así me olvido del asunto.