Música sin alma

15 de abril 2026

Manuel Pérez Lourido critica la vacuidad manipuladora del easy listening en los centros comerciales y recomienda el uso de auriculares como un acto de legítima defensa

En los centros comerciales suelen poner música por megafonía. De dos tipos: mala o muy mala. He llegado a la conclusión de que intentan que echemos de menos la buena música con el fin de incrementar nuestro aprecio por ella. No se les ha ocurrido cosa mejor para lograr ese propósito que inundiar nuestros oídos de bazofia.

Una proporción nada desdeñable de los temas con que somos bombardeados procede de un género que tomó forma a partir de los años 50, como resultado de la evolución del swing. Este estilo recibe el nombre de "easy listening" (fácil de escuchar). El nombre es que lo clava: tan fácil de escuchar es que parece que no estés escuchando nada. Se trata de melodías simples, suaves y relajantes que conforman un tipo de música sin alma ninguna. Y sin chicha tampoco.

Es una música de plástico, un sucedáneo, una ristra de notas que no van a ninguna parte porque no tienen el propósito de hacerlo, ya para empezar. Se trata solo de almohadillarnos el cerebro para que compremos como drogados, flotando en la inanidad de unas melodías que parecen melopeas. Ciertas formas de deformar el jazz y la música llamada new age se pueden incluir en este marasmo de formas musicales delicuescentes y veganas.

En 1978, el compositor, cantante y productor inglés que responde al nombre de Brian Eno y carece de vínculos con la empresa que fabrica sales de frutas, publicó "Ambient 1: Music for airports", disco fundacional de la música ambient, pensada para calmar la ansiedad en espacios públicos.

Dice Nuestra Señora de la IA: "Se caracteriza por bucles de piano, voces y sintetizadores lentos que se repiten con variaciones sutiles, generando una sensación de atemporalidad". Eno buscaba la opción de que su música fuese escuchada o ignorada, en contraste con la denominada "música de ascensor" que solo tiene vocación de música de fondo (de fosa marina). No se si supo, o intuyó, que estaba dando pasos hacia el desierto del easy listening, donde aparecerían subgéneros como la música de ascensor: tan liviana como las conversaciones que acostumbrar a tener en ese habitáculo. O el muzak, música producida y programada para lugares públicos, en donde funciona como un elemento decorativo más.

Con bastante frecuencia, los temas de easy listening son versiones instrumentales de canciones que se han popularizado. Hacen que los oyentes, en el caso de que presten atención por cualquier descuido, se sientan cómodos al reconocer la melodía.

Hace ya tiempo que tomo la precaución de acudir a los centros comerciales provisto de auriculares con los que contrarrestar la mísera oferta musical con que allí nos obsequian. Y cualquiera que muestre un mínimo de respeto por esta maravillosa expresión artística debería hacer lo mismo. He dicho.