Pensemos un rato

14 de maio 2025

Detengámonos, por una vez, a considerar lo siguiente: si el pensamiento se construye mediante el lenguaje y este se maneja con estructuras veloces, sinuosas y cambiantes ¿qué tipo de pensamiento estaremos generando?

Los medios escritos constituyen un territorio más donde ver reflejados algunos de los males de nuestro tiempo. Vivimos en una época en la que la poca paciencia a la hora de realizar cualquier tarea baila del brazo con la necesidad acuciante de que todo sea hecho de forma acuciante. Hasta las redundancias, aunque buscadas, son objeto de rechazo por lo que tienen de aburridas.

Cuando las frases circulan velozmente por la superficie del texto, su autor tiene el cielo ganado. O al menos tiene acceso a él mediante una hipoteca. Lo que ocurre es que a veces es necesario ralentizar la circulación de las frases para saborear las palabras. Lástima que cada vez somos menos de saborear y más de engullir. El ritmo de vida actual nos empuja a ello. Nuestros biorritmos nos empujan a ello. Se podría elaborar una explicación relacionada con conceptos políticos y económicos, pero a quién le importa.

Detengámonos, por una vez, a considerar lo siguiente: si el pensamiento se construye mediante el lenguaje y este se maneja con estructuras veloces, sinuosas y cambiantes ¿qué tipo de pensamiento estaremos generando? Posiblemente uno tan irrelevante como su propio núcleo, un ente fofo, manejable y nada beligerante. Un accesorio más de la gigantesca estructura de consumo que nos está consumiendo.

Las ideas no se generan en una especie de cadena de producción existente en el cerebro sino que más bien son fruto del tiempo y la reflexión, dos elementos cuya escasez está siendo admitida constantemente en todos los ámbitos de la vida humana. El tremendo aporte de la Inteligencia Artificial radica en la acumulación de contenido, en aspectos cuantitativos que dejan de lado otros como la estética, la emoción, la inspiración o el delirio. Incluso si se configurase una IA para producir textos delirantes, el resultado sería tan perfecto que sería difícil no detectar un regusto robótico, un sabor mecánico y ficticio.

La IA no está pensada para hacernos la vida más fácil, sino más productiva. Seguro que le sacaremos partido los de general, pero son los del palco VIP los que sacarán más tajada. Siempre lo han hecho. Fíjese quiénes están detras de esos viajes al espacio para gente con estratosféricas cuentas bancarias.

El consejo es bien sencillo: piense. Y desconfíe.