¿Podemos hoy leer tranquila y sosegadamente?

17 de febreiro 2026

Todas las entidades que gestionan la industria cultural lanzan sus productos, con razón y cumpliendo con su deber y su derecho. Pero quizás olvidamos las grandes obras y nos fijamos mucho en las actuales

No digo que no haya personas que todavía lo hagan, pero hoy, una persona que puede recibir cientos de mensajes de correo, de información de todo tipo, ¿tenemos tiempo para leer?

Pregunto: ¿tenemos tiempo para leer hoy, analítica y sosegada y tranquilamente...? ¿Tenemos, cuando alguien, sea del oficio que sea, puede recibir decenas de mensajes cada día para su profesión, además de estar mínimamente informado de la realidad sociopolítica de su geografía o Estado, además de si quiere y desea leer para pensar, pensar para leer y leyendo...?

Uno, que envía y ha enviado miles, no miles, decenas de miles de cartas postales con envíos de contenidos culturales y de propuestas, y decenas de miles de correos electrónicos también, con contenidos culturales y de propuestas, y que en la mayoría de los casos no han sido contestados —no sé si llegaría al uno por ciento, sin exagerar la cifra de contestaciones—, se ha preguntado muchas veces si lo que envía o muestra a otros es que tiene tan bajo nivel de calidad, o acaso es que apenas lo leen, no tienen tiempo para leerlo. Ni siquiera los que se dedican al mismo oficio, los que gestionan la cuestión cultural, en un campo o en otro...

He indicado que los expertos, grupos de expertos, nos podrían facilitar listas de las grandes obras: las cincuenta grandes obras en cada uno de los campos culturales. Así, la persona que quisiera saber de esa temática o disciplina o área o arte o saber tendría un mapa para orientarse. Otro grupo de especialistas, al cabo de unos años, podría citar otras obras. Así, creo que los lectores en general no nos perderíamos en tanto libro, tanta información y tanta documentación... para darnos cuenta de que la mayoría, a la que hemos dedicado mucho tiempo, es de segunda o de quinta; pero percibes esa realidad al cabo de diez o treinta años. Y no has leído, pensado, analizado ni meditado una gran parte de las grandes obras de la tradición cultural mundial.

Esta es una sensación de la lectura hoy. Todas las entidades que gestionan la industria cultural lanzan sus productos, con razón y cumpliendo con su deber y su derecho. Pero quizás olvidamos las grandes obras y nos fijamos mucho en las actuales. No niego la necesidad de estar enterados y actualizados; quizás leemos crónicas políticas de hoy para entender un aspecto de la realidad, pero olvidamos los clásicos de estos últimos veinticinco siglos... por poner un caso o un ejemplo.

Creo que nos perdemos en la selva de la información, documentación y cultura, y en los libros. Estas realidades, este mar, la Naturaleza Cultural, nos perdemos. Es cierto que tiene una dimensión de entretenimiento, incluso de ocio, de juego, pero también de formación y conformación de conciencias y consciencias. También nos perdemos en este mundo. Muchas personas se alejan de ello, se alejan de la lectura, y terminan aprendiendo cultura, no solo la popular o heredada familiar o la de la escuela, sino por los sistemas audiovisuales. Hoy, nos encontramos con personas que saben mucho de un nicho cultural y muy poco del resto.

He escrito para reducir esfuerzos, para entender y comprender más la realidad. He escrito algunas veces que nos deberían aconsejar manuales, tratados entendibles por todos: tratados de cada una de las ciencias sociales y artes. Creo que sería una manera de aumentar el conocimiento que las personas, que el pueblo, sabe y conoce de la realidad. Es cierto que cada uno es experto en algo, oficio o profesión o rama del saber. Es cierto. Pero también es cierto y es verdad que apenas sabemos del resto de saberes. O, dicho de otro modo, cómo el resto de saberes abordan un mismo tema. No aborda del mismo modo la psicología el tema X, que la sociología, la economía, la política, la teología o el arte.

La vida es corta y larga. Pero no podemos dedicar demasiado tiempo a la lectura, a la formación, a la búsqueda de otros hechos, datos, conceptos y argumentos... Por eso, la lectura, tenemos que tener también tiempo para leer sosegadamente, que leer es leerse a sí mismo, traducirse a sí mismo con ojos de otro lector-escribiente; leer es leerse. Tenemos que tener tiempo: leer es interpretar el mundo. Pero para que esa lectura sea más profunda y más verdadera, sugiero otra vez las dos fórmulas que yo conozco: primero, que grupos de especialistas nos digan en cada materia las obras más importantes en ese tema; segundo, que nos aconsejen tratados sobre las diversas ramas. Y, con ambos modos de lectura, terminaremos entendiendo mejor el mundo. Alcanzaremos, posiblemente, un mayor grado de verdad.

De momento, lea un poco cada día; cada día lea despacio un poco... rumie leyendo, que es una forma de analizar leyendo, pensar leyendo, meditar leyendo y reflexionar leyendo... ¡Porque el mundo de las ideas también es un mundo que está dentro de nosotros!

 

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