Muy pocas veces, por no decir ninguna, la publicidad —sea comercial o institucional— logra captar mi atención. Sin embargo, hoy debo reconocer que hubo una excepción: una página publicitaria de la Xunta de Galicia con el eslogan "Prometo coidarte".
Confieso que, al leerlo, lo primero que me provocó fue curiosidad, después escepticismo y, finalmente, decepción. Y es que, quizá por la edad que tengo, interpreté de inmediato aquel "Prometo coidarte" como un anuncio de medidas de apoyo a las personas mayores, que tantas veces viven en soledad y en condiciones precarias.
Al descubrir que el cartel se refería en realidad a la Ley de recursos naturais y a la sostenibilidad industrial, no pude evitar pensar en lo mucho que necesitaríamos ese mismo compromiso de cuidado en el ámbito social. Porque, sin desmerecer la finalidad del mensaje, creo que un lema tan contundente debería inspirar también acciones decididas en favor de nuestros mayores.
La soledad de los mayores es una realidad silenciosa, pero cada vez más presente en nuestra sociedad. Muchas personas, de forma voluntaria o involuntaria, pasan sus últimos años sin compañía, sin el calor de una familia cercana o de una red de apoyo que los acompañe en su día a día. Y la soledad no solo significa estar físicamente aislado: también es sentirse invisible, no tener con quién compartir una conversación, una preocupación o incluso una alegría. Esa soledad pesa, y tiene consecuencias en la salud emocional y física de quienes la sufren.
Por eso, me gustaría lanzar un alegato: que ese Prometo coidarte se traduzca también en medidas concretas de apoyo económico y social a los mayores. Que se subsanen las carencias de la Ley de dependencia y, sobre todo, se reduzcan las demoras que desesperan a tantas familias. Que se creen programas efectivos para combatir la soledad no deseada, con más recursos comunitarios, visitas domiciliarias, actividades de socialización y apoyo psicológico. Y que se garanticen atenciones especiales en centros sanitarios y residencias, muchas veces inaccesibles para los bolsillos de nuestros pensionistas.
Cuidar la tierra es un deber, pero cuidar a las personas mayores es una obligación moral y social. Ellos nos precedieron, levantaron nuestro presente y merecen un futuro digno. Quizá algún día podamos ver ese eslogan acompañado de un compromiso real: Prometo coidarte, dicho a quienes más lo merecen y más lo necesitan.