En el 2018 el plan debió ser tal que así: a todos los que vivan del Estado en cualquiera de sus formas los vamos a engordar, en cantidad y calidad. Meteremos muchos más funcionarios. Votos. Para hacer esto vamos a subir impuestos año tras año y añadiremos otros cuantos más: irán creciendo de forma determinante para conseguir un tamaño suficiente que domine la economía, tanto la general como la de cada pagano y la de cada familia. Estaremos presentes en todo aquello que nos permita ganar votos, tanto en lo que dependa del gobierno como en todo lo que nos interese, sea lo que sea va a haber dinero siempre, gastaremos lo que haga falta cumpliendo esa condición que no vamos a perder nunca de vista: meterse en aquello que arrastre a los nuestros, ganar votos y denostar y separar al resto. Lo financiaremos con cargo a deuda, a mansalva. Dispondremos en todo momento de capacidad de intervención como si fuéramos una nación que nada en la abundancia: nadie hace caso del tamaño del endeudamiento y nos permite el lujo asiático de la opacidad. El funcionariado, los pensionistas y subsidiados diversos aportarán el voto cautivo con el que nos aseguramos permanecer en el poder a corto y medio plazo. Hay que cumplir una única condición: que la economía no gripe. El continuo crecimiento de los impuestos y el saqueo de la Deuda mantendrá el gasto político, los subsidios y las remuneraciones de rentas y sueldos públicos: nos permitirá alimentar la máquina para que no pare bajo ninguna circunstancia. Dos últimos asuntos radicalmente importantes que directamente no tienen que ver con la economía pero que serán base fundamental para dominar la sociedad: la cultura ideológica de control sectario que impondremos desde el poder, poder e instituciones que quedarán a nuestro exclusivo servicio. Y aislamiento radical de la oposición mediante acciones de acoso y discriminación apropiándonos de los diversos organismos del Estado y utilizando sectariamente todos los medios a nuestro alcance, en especial, los públicos. Ocuparemos las instituciones y en especial ocuparemos la Justicia en todo aquello que podamos. Ningunearemos la Monarquía Constitucional.
… ¿Cómo va el plan hoy en día? Estupendamente. Cumpliendo expectativas. Los mayores de 65 años tienen blindados los números mediante incrementos del IPC mientras el apartado Pensiones del presupuesto nacional ya es un agujero impresionante; de forma general los funcionarios han incrementado plantillas y han visto sus sueldos crecer de forma clara; los subsidios inundan la administración pública socialista: mínimo vital, renta mínima… un sinfín de gente que vive de limosna pública. De forma paralela los impuestos y las cotizaciones sociales han crecido de forma tremenda menguando de manera directa y en la misma proporción la remuneración neta del trabajador… y la inversión empresarial. La capacidad de gasto público y político fuera de lo común corre paralela a dos autopistas: la de los impuestos, que ha alcanzado 6 carriles, y la de la Deuda, un portaaviones. Ayudan al incremento de los números dos poderosos elementos como son la inmigración y la inflación, que lo hacen de forma distinta pero confluyen finalmente en los informes económicos.
En cuanto a la implantación de una cultura política sectaria que utilice el poder y las instituciones públicas como plataforma exclusiva y de uso privativo, podemos afirmar que se han alcanzado plenamente los objetivos del plan, así como aquellos concernientes a la demonización de la oposición democrática, permanentemente acusada de falta de democracia, servil de oscuros intereses cuasifascistas.
El plan, bien: el bienestar del Estado progresa muy adecuadamente. ¿La Nación, los ciudadanos, las familias, los trabajadores, las empresas, las cuentas públicas, la Justicia, la sociedad democrática… las instituciones?