Creo que es mucho más complicado hacer el bien que el mal, mentir que decir la verdad o ser honrado en lugar de infringir la ley. Digo esto, cuando acabo de ver la serie francesa: la confidente que se basa en hechos reales. La protagonista deja tras de sí una red de mentiras. Una huida hacia adelante, con pausas y miedos, pero sin mirar atrás. Una forma de ser, actuar que le exige una carga emocional y una estrategia tan compleja con un coste tremendo. Al final te preguntas. ¿ha merecido la pena? En este caso es evidente que hay un problema de fondo patológico, necesidad de mentir para ser el foco de atención, que la gente la quiera y la admire, pero hay otros casos muy difíciles de explicar.
El exjefe de la UDEF de Madrid al que en octubre de 2024 después de una larga investigación, descubrieron que escondía en las paredes y falsos techos de su casa un total de 18,5 millones de euros más 900.000 en su despacho oficial, vehículos de lujo, licencias VTC…. Un policía considerado discreto, austero. Sus compañeros no se lo podían creer. Formaba parte de una banda de narcotraficantes con lo que eso significa, es decir, tenía que moverse sin cometer errores que hicieran sospechar a los demás policías y al mismo tiempo negociar con los narcos. Se le imputan varios delitos: tráfico de drogas, blanqueo, pertenencia a organización criminal. 45 años, tres hijos, al parecer su mujer también está implicada. Acaso asumir esos riesgos valió la pena.
El último ejemplo (desgraciadamente hay muchos), Santos Cerdán que declaró esta semana ante el juez del Tribunal Supremo, un político que desde el año 2014 ha formado parte del círculo más cercano al presidente del gobierno. Siempre ha insistido en su inocencia y el partido hasta el último momento cerró filas en torno a él. Podría haber pasado a la historia como un gran político, mediador de conflictos…. Era el número 3 del PSOE y tenía un gran poder en el partido. La imagen en el parlamento viéndolo leer impasible el informe de la UCO y, los consistentes indicios de cobro de mordidas en adjudicaciones, presumible liderazgo en la trama, no deja de sorprendernos. Una vida de aparente austeridad, hombre cordial, vecino corriente, siempre negociando con unos y con otros, poniendo buena cara, parándose con los periodistas para dar explicaciones. ¿Cómo ha podido hacer tantas cosas a la vez?.
Vivir en la incertidumbre, mantener una doble vida. Engañarse a uno mismo y a los demás, para acabar tal día como hoy durmiendo en prisión. Nuestros dos últimos protagonistas, han pasado de la alfombra al pasillo entre celdas, de la ventana con vistas al mar a enfermar tras las rejas, de la sociedad gastronómica o restaurante 3 estrellas a la bandeja autoservicio. Un sinvivir.