Lynch, militante de Francia Insumisa

25 de febreiro 2026

No sé si están al corriente: hace unos días en el corazón de nuestra civilizada Europa se cometió el linchamiento de un ser humano. A patada limpia. Una pequeña banda de neandertales pateándole la cabeza a un ser indefenso, desarmado, inerme. Acaba de suceder en la casa de Rabelais, de Camus, de Descartes, de Flaubert, de Saint-Exupéry, de Zola, de Baudelaire; en la tierra de Cézanne, de Monet, de Delacroix, de Moustaki, Aznavour, de Basquiat, de Houllebecq. En nuestra casa.

Del muchacho Quentin Deranque la prensa en general que ha informado del sucedido dice que en un enfrentamiento en un acto político han asesinado a un ultra. ¿Enfrentamiento? ¿dónde? ¿cómo se va a enfrentar uno contra diez? ¡Será que diez atacan a uno! Y, dice que han asesinado... ¿quiénes han asesinado? ¿los extraterrestres? Si la prensa normal al asesinado lo nombra despectivamente ultra será porque pertenecerá a una banda violenta... pero ¿ha robado, ha matado? ¿ha golpeado, ha atacado a rivales, ha formado manadas o escuadrones paramilitares... qué ha hecho? No ha hecho nada. Solamente pensaba radicalmente distinto a toda la extrema izquierda que lo asesinó. Tenía 23 años, era católico y estaba ayudando a un colectivo feminista conocido por su oposición a la inmigración y al islamismo, esa religión contra mujeres libres, que es lo mismo. Por esto lo han asesinado las huestes totalitarias, huestes de la izquierda comunista, la que vitorea el asalto a los inocentes del 7 de octubre del 2023, los que a estas alturas lamelibranquian el comunismo y tamaña ideología capaz de transformar seres humanos en neandertales.

El periodismo normal le dice ultra, ¿cómo nombrar entonces a éstos, con qué calificativo? Porque éstos sí han golpeado, sí han atacado a rivales políticos, sí están organizados para actuar violentamente contra ciudadanos libres, sí han formado manadas... ¿no serán fascistas?

Hasta qué punto los medios adoptan el perfil alimenticio necesario una vez que el Poder Político los tiene agujereados, y cómo abandonan a las víctimas en terreno de nadie para hacerlas invisibles. Decir la verdad escueta, simple y real supone enfrentarse a la poderosísima ideología global cuya agencia local les sustenta económicamente. El titular y el subtítulo serían: Una banda fascista encapuchada asesina a patadas a un chaval indefenso en plena calle. Los asesinos pertenecen a grupos de extrema izquierda de Francia Insumisa. O algo así.

En cualquier caso, Francia, es decir, la sociedad democrática francesa, está en una deriva económica, política y social que mete medo.