La vida también consiste en esto

08 de abril 2026

La vida consiste también en esto: cuando quieres buscar un lápiz para señalar unas líneas especialmente acertadas de un libro que estás leyendo (puesto que has alcanzado la edad de hacer tal cosa, algo que antes odiabas) y abres un par de cajones y no aparece un lápiz por ninguna parte. Aparecen, eso sí, una serie de cajas. Vacías. Cajas vacías de objetos diversos que han ido a parar a esos cajones y que nadie parece haberse encargado de rescatar de ahí para condenarlas a su destino natural: el basurero. Hoy en día, los contenedores de diversos colores.

La vida es tan absurda a veces que tu rechazo visceral por la costumbre de marcar los libros con anotaciones a lápiz se ha ido desvaneciendo a tus espaldas y ahora no solo eres perfectamente capaz de hacerlo, sino que te parece estúpido abstenerte de dejar tu huella en una página que está pidiendo a gritos que la señales. Discretamente, eso sí. O sea, a lápiz. Nada de usar un rotulador fluorescente o un bolígrafo siquiera. Y muchas veces se trata tan solo de acotar un frase con un par de marcas: al inicio y al final de la misma. Ni siquiera sabes si algún día te servirá de algo, si regresarás a ese libro y a esa página en busca de la expresión que te deslumbró aquella vez.

La vida consiste también en esto: dejar tus huellas sobre las huellas que han dejado otros. Validarlos para validarte tú, en el fondo.

Algunos momentos especialmente gozosos se generan precisamente cuando uno se reconoce en una obra artística que otro ha propuesto. Cuando uno se identifica con un poema, una canción, una película, un cuadro, etc y lo siente un poco más suyo porque ya lo tenía un poco adentro antes de conocerlo.

Dicen que cuando, en un bar o restaurante, Bob Dylan escuchó por megafonía "Heart of gold" de Neil Young por primera vez, se pilló un cabreo de mil pares de narices. No comprendía cómo no había hecho él esa canción. Se sintió estúpido por haber dejado que Young la hiciese primero. Un poco como si las canciones fuesen peces de un estanque al alcance de todo y solo hubiese que estar atento para pescarlas. Efectivamente, para un tipo que había escrito "Blowing in the wind", "Just like a woman" o "Like a rolling stone", una canción tan redonda como "Heart of gold" era algo que sabía reconocer a la primera.

La canción de Neil Young fue grabada en 1971 en Nashville. James Taylor y Linda Ronstadt que andaban por allí para participar en un programa de televisión junto a Johnny Cash, pusieron sus voces en los coros. Con este tema Neil Young consiguió su único número uno a un disco sencillo en los Estados Unidos.

Pierdan la vergüenza a subrayar libros, canciones, películas. Subráyenlos al menos en su cabeza, que también para eso la tenemos. Estuve a punto de poner "en su corazón" pero quedaría un poco cursi, aunque qué rayos: ¡subrayen todo aquello que les descubra a ustedes mismos y háganlo en su cabeza y en su corazón!