La decisión del laborista Keir Starmer que debería considerar Pedro Sánchez

30 de xuño 2026

Gustavo Olmedo plantea que Pedro Sánchez debería valorar una salida política, incluida una transición, ante la debilidad parlamentaria, la corrupción y el auge de VOX

Fueron 80 diputados laboristas los que pidieron, el pasado mes de mayo, la dimisión de su compañero de filas y primer ministro británico, Keir Starmer, después de sucesivos fracasos electorales, como en Gales, donde estos perdieron la hegemonía después de casi un siglo, así como también en Escocia, y tras la pérdida de más de 1.500 concejales en Inglaterra, e intentar evitar la entrada al populismo de Reform UK, de Nigel Farage.

Esta sería una de las varias opciones que le marcan, entre otros actores políticos, Junts per Catalunya a Pedro Sánchez. Opciones similares ya se dieron en otros países y regiones de Europa; así sucedió en julio de 2024, con la dimisión por financiación ilegal de los laboristas en Gales de su ministro principal, Vaughan Gething.

Posiblemente, y todo ello cogido con pinzas, será clave la fecha del 16 de julio, cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dicte sentencia en relación con la Ley de Amnistía española. Esta sentencia debería poner en una tesitura política a Pedro Sánchez, con unos presupuestos sin aprobar —manteniéndose vigente la prórroga de los mismos del año 2023— y una debilidad parlamentaria cada vez más manifiesta, que ya quedó reflejada en la última sesión de control al Gobierno en el Congreso.

Hasta la fecha, España es uno de los países de su entorno en donde la ultraderecha no llegó al Gobierno del país, como sí ocurrió con la Italia de Giorgia Meloni o con el reciente perdedor de las pasadas elecciones parlamentarias en Hungría, Viktor Orbán. Prolongar una legislatura maniatada y agonizante solo hace acrecentar a la ultraderecha de los de Santiago Abascal, pero no culpemos a estos llegado el momento, si se produjera en el futuro un apoyo de legislatura, de investidura o coalición de gobierno por parte de VOX.

Todo ello será el resultado de la parálisis actual del Legislativo y de unos apoyos al Gobierno cada vez más en retirada, condimento indispensable para un ascenso de VOX, donde, además, la corrupción política y estructural es el caldo de cultivo para el auge de los populismos.

Tanto Maribel Vaquero, portavoz del PNV en el Congreso, como su homónima de Junts per Catalunya, Miriam Nogueras, pidieron a Pedro Sánchez que considere, entre otras opciones, su continuidad al frente del Ejecutivo, sin dejar de lado los intereses políticos de los nacionalistas de ambas comunidades históricas.

Siete primeros ministros pasaron por el 10 de Downing Street en una década, sin que este sea un modelo a seguir, pero sí legal. Tampoco lo es mantener un Ejecutivo ante una situación de crisis política y debilidad parlamentaria, dejando claro que también la opción de un presidente socialista o independiente, y de transición, hasta las elecciones generales del año 2027, sería una alternativa inteligente y más sosegada ante una situación tan convulsa y polarizada como la actual.

Los populismos de ambos espectros ideológicos, y con el tiempo, suelen generar el efecto contrario a lo que estos pretenden. Si a esto se le juntan la actual corrupción y el cuestionamiento del sistema judicial, se acabará sin pena ni gloria con el actual Gobierno, como en su día fue en Grecia la formación de la izquierda radical, Syriza, de Alexis Tsipras, siendo este primer ministro griego entre los años 2015 y 2019, con varios rescates económicos del país por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la conocida como la troika.

En la actualidad, gobiernan el país heleno los conservadores, mientras que los socialistas, el histórico PASOK, fundado por Andreas Papandreou, han pasado a ser la tercera fuerza —aunque ya hay encuestas que lo sitúan como segunda opción política—, llegando a ser, en su momento de declive, la sexta formación en Grecia.

¿Quiere eso Pedro Sánchez? Pensando en clave de país, la opción del laborista británico, Keir Starmer, tendría que ser una de las alternativas que deberían estar sobre la mesa del actual presidente del Ejecutivo. Máxime si añadimos una condición casi imposible por parte de Junts per Catalunya y sus reivindicaciones nacionalistas, que sería negociar la situación actual de la legislatura en Waterloo, y que estos ya saben que será de difícil cumplimiento.

Nos encontramos con una situación actual que se trata ya de una cuestión de resistencia por parte del actual Ejecutivo, y en donde los acontecimientos se suceden de forma rápida, día tras día.